Quintana Roo, ejemplo de crecimiento

Por Jorge Acevedo Marín
Quintana Roo, en apenas 52 años, pasó de ser un territorio castigado a un estado que es motor económico de México.
El 8 de octubre de 1974 el entonces presidente Luis Echeverría Alvarez decretó que Quintana Roo se convertía en el Estado 30 de los Estados Unidos Mexicanos.
Aquí vale apuntar que para algunos, sobre todo los que vivieron e, incluso, lucharon por esa transición, la entidad, más allá de polémicas políticas, está en deuda con aquel ex mandatario.
Pero este relato no va para allá, sino que pretende analizar cómo Quintana Roo se convirtió en lo que es en tan poco tiempo y las vicisitudes por las que tuvo que pasar para llegar a ello.
Lo hacen Estado porque cumplía ya con el requisito de contar con 88 mil habitantes, pero sobre todo para reforzar los trabajos que el Banco Mundial llevaba al cabo en Cancún, que hoy está considerado como uno de los polos turísticos más importantes a nivel mundial.
También se plantea un proyecto diferente para el Sur, con el impulso agropecuario de la zona conocida como la rivera del río Hondo -que hace frontera natural con Belice- y a la vez con la construcción de ingenios azucareros para darle también importancia a la producción cañera.
Quintana Roo podría verse como un ejemplo de éxito, pero también de desigualdades: la riqueza turística del norte, pero un sur sin muchas oportunidades de desarrollo con una capital, Chetumal, que prácticamente sobre vive del gobierno y una zona maya con la que se tiene una gran deuda social en la que muchos de quienes representan nuestros orígenes indígenas viven hasta hoy en extrema pobreza.
Pero aún así hay mucho de porqué estar orgulloso de Quintana Roo.
Era un territorio donde la comunidad de Payo Obispo (hoy Chetumal) era destino de personas presas, en su mayoría opositoras al régimen porfirista. Le llegaron a llamar la Siberia Mexicana.
Así llegaron a poblar la entidad diputados opositores, periodistas, sacerdotes, líderes obreros y campesinos, muchos de ellos zapatistas, entre otros personajes. Era una cárcel sin paredes y sin barrotes.
Muchos dejaron atrás su pasado y se pusieron a trabajar por esta tierra que Porfirio convirtió en territorio federal en noviembre de 1902 y que se repuso de dos ocasiones del retiro de esa condición, hasta que Lázaro Cárdenas se las devolvió en 1935, con el reclamo de que “ya no queremos ser penal, queremos ser territorio con derechos. El tema es que la gente se sentía “ciudadano de segunda”.
Hoy el presente es otro como también lo es el pasado reciente, donde vino un gran progreso no sin enfrentar también algunas dificultades como los huracanes, los grandes incendios forestales, por citar algunos y sin dejar de lado la depredación propia del desarrollo.
Ahora hay que sumarle también el exagerado arribo de sargazo a lo largo de toda la costa.
Creció el turismo, pero también desaparecieron otras importantes actividades económicas de la época como la explotación de la madera y también del chicle.
El balance es bueno, pero aún hay rezagos importantes como la falta de servicios públicos sobre todo en colonias propiciadas por la invasión masiva de predios que hoy son grandes asentamientos irregulares.
A eso hay que sumarle que el agua y la luz no están garantizados, sobre todo en las deficiencias en infraestructura de la CFE que hoy generan “apagones” en toda la geografía estatal.
Pero Quintana Roo sigue siendo tierra de oportunidades y, pese a las bajas en materia turística, se espera un repunte y un crecimiento importante que incluya también a los atractivos del Sur como Majahual, Xcalak, Bacalar y Chetumal, por citar algunos.
Hay argumentos, pues, para celebrar este 52 cumpleaños.

Yerro
Si la fuerza de la dirigencia de Morena era que los participantes aceptaran las reglas que se fijaron para la designación de candidatos, volvieron a enturbiar las aguas al romperlas con el “dedazo” para Andrea Chávez en Ciudad Juárez.