No tengo nada contra los transportistas y sus quejas para mejorar la seguridad en las carreteras del país.
Es más, mi solidaridad contra n ellos porque sufren, cada vez más a menudo asaltos, secuestros y desapariciones.
Donde no coincido con ellos es en la forma de protestar si con ello motivan caos o afectan actividades que atentan con la economía, inclusive la de ellos mismos.
Por eso condenamos, en el caso de Quintana Roo, el cierre de vías de acceso hacia el aeropuerto internacional afectando a cientos de turistas que nada tienen que ver con sus quejas y protestas.
Y es que hay ponerle un poco de análisis a los hechos antes de concretarlos y pensar que si sus transportes, ya sean camiones o tráileres con abasto, tienen actividad es gracias a ese turismo que llega a la zona y que es prácticamente el sostenimiento de toda una comunidad, incluida la del transporte.
No se trata solo de afectar a hoteles y líneas aéreas que se vieron afectadas con los bloqueos recientes. Se trata también de dañar la imagen de una zona turística que no pasa hoy por su mejor momento.
¿Imaginan lo que estarán pensando aquellos turistas que perdieron sus vuelos o que no pudieran volar porque las tripulaciones de las aeronaves tampoco pudieron llegar para poder realizar su labor?
Peor aún ¿que imagen se llevaron aquellos viajeros que, con el peligro que conlleva, tuvieron que caminar maletas en mano para tratar de llegar aérea?
O, al revés, los que llegaron y, en algunos casos, tuvieron que pasar la noche en el aeropuerto porque no había manera de trasladarse a los hoteles que habían contratado y por los cuales pagaron considerables sumas de dinero.
Entendemos las quejas de los transportistas, pero no se vale, como reza un dicho, patear el pesebre del cual comemos casi todos, inclusive sus familias.
Hay datos duros de que la ocupación actual apenas rebasa el 50 por ciento, pero que hacen esfuerzos para que en la temporada invernal se pueda crecer a un 80 por ciento y hasta 90 por ciento por las fiestas decembrinas.
La gobernadora Mara Lezama Espinosa redobla sus esfuerzos de promoción y hace anuncios positivos de un incremento en el número de vuelos y llegadas.
Pero esa labor la ponen en riesgo acciones como el bloqueo de dos días de estos transportistas. La imagen del turismo se daña con una mala estrategia, con acciones indebidas por muy justo que sea el reclamo.
Esperemos que por la cercanía del invierno no se den cancelaciones, pero quedan en las redes sociales esos videos de turistas caminando con maletas y de los frustrados que perdieron sus vuelos.
Eso, si se repite, podría tener repercusiones de mediano y largo plazo.
Estamos en una etapa de recuperación que requiere de la solidaridad de todos los que, antes o después, han llegado a esta tierra para hacerse una vida.
Quintana Roo no merece este maltrato, venga de quien venga.
Salpicada
El caso de presunta corrupción en el INE que encabezaba Guadalupe Taddei parecen salpicar al Instituto Electoral de Quintana Roo (IEQROO).
El organismo electoral que preside Rubí Pacheco sería investigado por también haber dado contratos a las empresas que hoy están en la mira de la Auditoría Superior de la Federación y de Unidad de Inteligencia Financiera.
