Investigaciones de la Universidad de DRESDEN, han estudiado cómo afecta la pérdida del olfato, o ANOSMIA, a la vida de las personas.
Aproximadamente una quinta parte de la población tiene alterado el sentido del olfato, pero muy pocas personas se quejan por ello.
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El trabajo, publicado en la revista PLoS ONE, agregan que, aunque la capacidad para oler no es imprescindible para sobrevivir, la pérdida o disminución del olfato genera una mayor inseguridad en las relaciones sociales, e incrementa el riesgo de padecer depresión y de sufrir accidentes domésticos.
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Los investigadores compararon el comportamiento social y los hábitos de personas con el sentido del olfato intacto, con otras que sufren de anosmia congénita aislada.
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Encontraron que las personas con anosmia, presentan una vida social similar a la del resto de la población, se emparejan al mismo tiempo y tienen el mismo número promedio de hijos, aunque están poco interesadas en las relaciones sexuales.
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Por último, encontraron una alta probabilidad de que las personas con este padecimiento, tengan más tendencia a sufrir síntomas de depresión.
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