Con más de dos décadas dedicada al periodismo, pocas películas han logrado conmoverme y renovarme la esperanza en el cine mexicano como lo hizo “Café Chairel”. Acabo de ver esta cinta que se filmó en las calles de Tampico, Tamaulipas, y me encontré con una historia sencilla, profunda y llena de verdad, muy alejada del humor fácil o los clichés que muchas veces saturan la cartelera nacional.
Dirigida por Fernando Barreda Luna, con la producción a cargo de Jessica Villegas Lattuada y Nopal Army Films, esta película nos narra la vida de dos personajes solitarios y heridos por el pasado: Katia, una amargada que carga una tristeza profunda, y Alfonso, quien trata de encontrar sentido a su propia existencia. Ambos coinciden en una pequeña cafetería llamada “Chairel”, un espacio donde el aroma del café recién molido se vuelve cómplice de su sanación emocional.
Lo que más me sorprendió es cómo el filme evita caer en la típica comedia de enredos o el humor burdo. Por el contrario, mantiene un ritmo cómico muy inteligente, sutil y cargado de emoción genuina. El guión, firmado por el mexicano Fernando Barreda y el japonés Atsushi Fujii —basado en una cinta previa de éste último—, logró canalizar una narrativa honesta que transita desde la melancolía hasta la esperanza con una naturalidad pocas veces vista en nuestro cine.
El elenco aporta mucho a esta experiencia: Mauricio Isaac interpreta a Alfonso con una sobriedad y madurez que sostienen perfectamente la historia, mientras que Tessa Ia, en el papel de Katia, despliega la vulnerabilidad y fortaleza necesarias para conectar con el espectador. Por su parte, Leo Deluglio complementa la dinámica con una actuación fresca que da equilibrio y calidez.
Es importante resaltar que esta producción contó con el respaldo de EFICINE, un programa fundamental para impulsar proyectos comprometidos con la calidad y la identidad cultural mexicana. Sin embargo, hoy más que nunca, el éxito de una película depende no solo de la calidad artística, sino del apoyo que le brindemos desde la sala.
Por eso, mi llamado es claro: asistamos en masa durante el primer fin de semana de estreno, este 21 de mayo. La taquilla de esos primeros días definirá si “Café Chairel” puede continuar mostrándose y llegar a más públicos o si, tristemente, quedará relegada. Estamos ante una oportunidad única para abrazar un cine que apuesta por contar historias con corazón, inteligencia y buen sabor.
Si queremos seguir viendo en las carteleras mexicanas relatos profundos, emotivos y bien hechos, es fundamental demostrar que tenemos hambre de este tipo de cine. Acudir a “Café Chairel” no solo es disfrutar una película, sino apoyar a un equipo de talentos mexicanos que pone el alma en cada cuadro.
Los invito a dejarse llevar por esa mezcla perfecta de nostalgia, café y segundas oportunidades que esta película ofrece. Es más que una historia; es un trago cinematográfico honesto, profundo y refrescante. Nos vemos en las salas, compartiendo este café que nos invita a creer otra vez en nuestro cine.




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