En un giro inesperado para el comercio exterior, la administración de Donald Trump ha oficializado la implementación de un arancel global del 15%, una medida que surge como respuesta inmediata después de que la Corte Suprema de los Estados Unidos invalidara su esquema previo de gravámenes selectivos. Para México, el principal socio comercial de EE. UU., esta cifra representa un “respiro técnico” frente a las amenazas iniciales del 25%, pero plantea desafíos estructurales para la competitividad nacional en 2026.
El origen del 15%: Un mandato judicial
La decisión de la Corte Suprema estadounidense de frenar los aranceles diferenciados obligó a la Casa Blanca a buscar una tasa global uniforme. Bajo la “Sección 122” de su Ley de Comercio, el Ejecutivo estadounidense argumenta ahora una medida de balanza de pagos para proteger su industria interna.
Aunque México goza de las protecciones del T-MEC, la ambigüedad jurídica de estas medidas globales ha puesto a las exportaciones mexicanas —especialmente en los sectores automotriz, agroindustrial y manufacturero— en una zona de renegociación constante.
Impacto en la economía mexicana: Inflación y Nearshoring
Analistas financieros coinciden en que un arancel generalizado del 15% tiene un efecto de doble filo:
- Presión Inflacionaria: Al ser economías profundamente integradas, el costo del arancel terminará trasladándose al consumidor final en EE. UU., pero también afectará a las empresas mexicanas que importan insumos básicos, elevando los costos de producción local.
- Ventaja Relativa: Curiosamente, al ser un arancel “global”, México mantiene una posición competitiva frente a países como China, que enfrentan barreras adicionales. Esto podría acelerar la llegada de capitales de nearshoring que buscan refugio en territorio mexicano para mitigar los costos logísticos.
Reacción del Gobierno de México
La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de “prudencia estratégica”. Tras la conmemoración del Día de la Bandera, el gobierno mexicano reiteró que la fortaleza del peso (actualmente estable en los $17.16 por dólar) y el superávit comercial son las mejores cartas de navegación. Sin embargo, no se descartan “medidas espejo” o represalias comerciales en sectores estratégicos si las negociaciones técnicas en Washington no excluyen formalmente a los socios del T-MEC.
El Caribe Mexicano: Un blindaje distinto
Para regiones como Quintana Roo, el impacto directo en mercancías es menor comparado con el sector industrial del norte; no obstante, el sector turístico vigila de cerca la paridad cambiaria. Un dólar ligeramente más fuerte producto de la incertidumbre arancelaria suele incentivar la llegada de turistas estadounidenses, aunque eleva el costo de los suministros importados para la alta hotelería.
“Estamos en una nueva era de pragmatismo comercial. México ya no solo compite por costos, sino por seguridad jurídica y proximidad”, señalan expertos de cámaras empresariales.
La moneda está en el aire mientras los equipos legales de ambos países analizan si la tasa del 10% —mencionada en algunos sectores— o este nuevo 15% global será la norma definitiva para el cierre del año fiscal.
