La Vid y la Ceiba 2026, una vendimia maya inolvidable en Valladolid

Este fin de semana me dejé envolver por la magia eterna de la centenaria ciudad de Valladolid, Yucatán. Cada rincón recorrido en sus coloridas calles coloniales me brindaba un viaje en el tiempo, una pausa serena donde la historia se respira en cada fachada; pero lo que realmente robó mi corazón fue la atención, la amabilidad y la inigualable calidez de los vallisoletanos, quienes con su eterna sonrisa y hospitalidad me hicieron sentir como en casa en todo momento.

Para la inauguración acudieron empresarios y funcionarios como el Presidente Municipal, Homero Novelo Burgos; así como el maestro Jorge Manuel Sánchez Smith, Subsecretario de Desarrollo Turístico Sustentable de la Secretaría de Fomento Turístico de Yucatán (SEFOTUR), entre otros.

El momento cumbre de mi travesía ocurrió cuando tuve la maravillosa oportunidad de asistir a la segunda edición del festival “La Vid y la Ceiba, Vendimia Maya”, celebrado en ese rincón verdaderamente mágico llamado Hacienda Selva Maya. Desde el preciso instante en que crucé la entrada, quedé profundamente fascinada por la atmósfera del lugar: un entorno natural sagrado donde, como un guardián silencioso de la historia, la majestuosidad de un cenote milenario se asomaba al fondo de la carpa principal. El toque de elegancia contemporánea lo aportó la exhibición de vehículos de estreno patrocinados por Grupo Farrera, marcando un refinado contraste con la naturaleza.

La experiencia enológica superó con creces todas mis expectativas. Durante la tarde, disfruté recorrer las propuestas de los grandes exponentes vitivinícolas llegados de Baja California, Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro, quienes compartieron con orgullo sus etiquetas más selectas en la degustación libre de vinos mexicanos. Esta travesía sensorial se vio magistralmente complementada por la degustación de platillos típicos regionales dotados de un exquisito toque de autor, la exhibición de artesanías tipicas de la zona con maestros artesanos presentes en el evento, además para venta al público varios propuestas gastronomicas de chefs locales, todo este trabajo fue gracias a la cuidadosa y apasionada organización de Gabriela Reyes Zuñiga. Además, viví uno de los instantes más esperados y divertidos al participar en la tradicional y simbólica pisa de la uva, sintiendo la tierra y el fruto fusionarse en un ritual festivo inolvidable.

El espíritu del evento cobró vida a través de un extenso y vibrante programa cultural que comenzó con el suave ambiente de un DJ y continuó con el emotivo corte de listón inaugural, acompañado por la imponente presentación de los Guerreros Mayas y la delicada gracia del Ballet Folclórico. A medida que el sol se ocultaba sobre Selva Maya, la música en vivo transformó el ambiente con las notas de jazz y blues de Sarahí Amador, la emotiva interpretación de Carmen Mirafuentes con lo mejor de la música regional mexicana, y un electrizante cierre a cargo del grupo Caracola, que prolongó la celebración entre aplausos y alegría.

Al alejarme de la hacienda al término de la fiesta, guardé en el alma la firme certeza de haber vivido un fin de semana único, donde la belleza de Selva Maya, el vino, la gastronomía y, sobre todo, el trato entrañable de la gente de Valladolid, se entrelazaron para regalarme un grato recuerdo.