En 1990, las entrañas de la negociación del primer tratado comercial (TLCAN) sembraron la semilla de una integración que hoy, bajo el T-MEC, vive un punto de inflexión histórico. Como bien señala la economista y empresaria Patricia Armendáriz, el panorama global ha dado un vuelco drástico: Estados Unidos necesita a México hoy más que nunca.
Ya no hablamos de la manufactura tradicional o del ensamblaje de bajo costo del siglo pasado. La mayor inversión estadounidense de la próxima década se concentrará en la Inteligencia Artificial (IA), los semiconductores y el sector aeroespacial (impulsado por casos especificos como el reciente IPO de SpaceX). Para alimentar esos centros de datos, sostener la revolución tecnológica y competir globalmente, el hardware se tiene que construir en la región. Y ahí es donde México se vuelve una pieza irremplazable. Dejamos de ser el patio trasero para convertirnos en el socio estratégico indispensable.
Sin embargo, tener la ventaja geográfica ya no basta. El verdadero reto radica en responder a la pregunta que Armendáriz deja en el aire: ¿Qué nos falta como país para terminar de creernos este papel y actuar en consecuencia?
El Diagnóstico Técnico: Cómo responder a los cuestionamientos para lograr ser “el país que sí puede”
Para pasar de la ventaja geográfica a la soberanía tecnológica y responder a los desafíos de sustituir importaciones de Asia y empujar la producción interna, México requiere un andamiaje de políticas públicas audaces y realistas:
¿Políticas radicales de construcción o incentivos fiscales? Más que prohibiciones radicales que ahuyenten el capital, el camino viable es la “zanahoria fiscal condicionada”. Se deben otorgar beneficios fiscales agresivos a las multinacionales “solo si” integran un porcentaje creciente de proveeduría local (Pymes mexicanas) en sus cadenas de valor y si realizan transferencia tecnológica real.
Capacitación industrial, tecnológica y empresarial obligatoria: Para que las Pymes jueguen en las grandes ligas de la IA y el hardware, se deben estructurar programas nacionales de capacitación técnica. Vincular los periodos de reinversión obligatoria de las empresas con la inversión en el capital humano mexicano garantizará que no solo aportemos mano de obra, sino mente de obra calificada.
Un tabulador de precios decente (salarios dignos): La competitividad de México ya no puede basarse en la miseria de sus salarios. La integración al sector de alta tecnología (semiconductores, robótica) exige, por pura oferta y demanda de habilidades, salarios dignos y tabuladores justos que fortalezcan el mercado interno.
Apoyo real a la invención e innovación: El presupuesto nacional debe volcarse a la ciencia y la tecnología. Crear hubs de innovación donde las universidades públicas y el sector privado colaboren en patentes de software y hardware nos moverá de ser un país que ensambla a un país que diseña.
Limitaciones a la soberanía de empresas asiáticas: El fenómeno del nearshoring ha traído a empresas asiáticas que buscan triangular hacia EE. UU. usando a México como fachada, operando a veces bajo lógicas laborales o ecológicas ajenas a nuestro marco legal. La respuesta debe ser una regulación firme: reglas de origen estrictas que protejan la soberanía mexicana y aseguren que quien se instale aquí, juegue bajo las reglas de bienestar y desarrollo del país, no de sus matrices orientales.
La justificación del pensamiento mexicano según el politólogo Juan Miguel Zunzunegui
Aquí es donde topamos con pared. Podemos diseñar la estrategia económica perfecta, pero si el software mental del mexicano no cambia, el plan fracasará. Para entender por qué nos cuesta tanto “creernos el papel”, es fundamental acudir a la postura del politólogo e historiador Juan Miguel Zunzunegui (“Zunzu”).
Zunzunegui ha desmontado incansablemente los mitos de la historia oficial mexicana, explicando que arrastramos un “trauma histórico de conquista y victimismo”. El pensamiento colectivo mexicano suele estar anclado en el “nos conquistaron”, “nos robaron la mitad del territorio” y el recelo histórico hacia el “imperio yanqui”. Esta narrativa nos hace percibir la relación comercial con EE. UU. y Canadá desde el complejo de inferioridad o el miedo a ser explotados, en lugar de verla como una negociación entre iguales.
Zunzu argumenta que México vive en una eterna nostalgia del pasado y en el mito del “ya mérito” o el “hubiera”. Culturalmente, nos justificamos en la escasez o en culpar a los factores externos (el gobierno, el extranjero, el pasado colonial) de nuestras propias carencias de desarrollo interno. Para el pensamiento tradicional mexicano, la riqueza o el éxito a gran escala se ven sospechosos, y el éxito del vecino del norte se asume como nuestra pérdida. Romper esto exige sanar el trauma histórico: entender que el TLCAN de 1990 ya pasó, que el México de 2026 tiene un peso demográfico y geopolítico brutal, y que el destino de Norteamérica se decide tanto en Washington como en Ciudad de México.
La premisa del “¿Y si sí?”
Durante décadas, la política, la academia y la opinión pública mexicana han operado bajo la premisa del miedo: *”¿Y si nos imponen aranceles?”, “¿Y si las empresas asiáticas nos invaden?”, “¿Y si EE. UU. decide cancelarnos?”. Vivimos en el escenario del “Y si sale mal”.
Es momento de invertir la narrativa bajo la premisa de moda: “¿Y si sí?”
¿Y si sí dejamos de competir por ser el más barato y empezamos a competir por ser el más innovador?
¿Y si sí nuestras Pymes logran sustituir los componentes electrónicos que hoy vienen de China, convirtiendo a la frontera norte en el Silicon Valley de la manufactura inteligente?
¿Y si sí nos plantamos frente a Estados Unidos no como el vecino incómodo que pide ayuda, sino como el socio indispensable sin el cual sus centros de datos e Inteligencia Artificial se quedan sin energía y sin infraestructura?
El “Y si sí” no es optimismo ciego; es pragmatismo histórico. Los números, la geografía y la urgencia tecnológica de la IA están de nuestro lado. La infraestructura y las políticas públicas se pueden construir con voluntad y presupuesto; pero el primer paso para ser el país que “sí puede”, es apagar el chip del victimismo histórico y encender el de la audacia estratégica.
Noticias relevantes
-
Verónica Acacio asume la Presidencia del Club Rotario Cancún Conmemorativo para el período 2026-2027
-
Portada 03 de julio
-
Kuaii Amazonas: el modelo de ecoturismo indígena que abrirá en 2027
-
Abren ruta de Tijuana-Mérida para fortalecer la conectividad
-
México aplica la Ley de Economía Circular con severas multas al sector plástico
