¿Dispersar o concentrar? El error de planeación detrás de la tragedia del Ángel

La tragedia del Ángel: una decisión de logística que merece ser revisada.
Toda tragedia deja una pregunta incómoda: ¿era realmente inevitable?
Tras los lamentables hechos ocurridos durante los festejos por el triunfo de México sobre Ecuador en el Ángel de la Independencia, el Gobierno de la Ciudad de México explicó que había instalado decenas de pantallas gigantes a lo largo del Paseo de la Reforma con el propósito de evitar una concentración masiva en un solo punto. La intención, según lo expresado por las autoridades, era dispersar a la población.
Sin embargo, los resultados obligan a preguntarnos si esa estrategia consiguió exactamente lo contrario.
Existe una diferencia enorme entre dispersar una multitud y extender una multitud.
Si el objetivo era impedir que cientos de miles de personas llegaran al Ángel de la Independencia, ¿por qué las principales pantallas fueron colocadas precisamente sobre el mismo corredor que conduce al monumento? En lugar de crear distintos puntos de reunión en diversas zonas de la ciudad, la estrategia terminó convirtiendo Paseo de la Reforma en un enorme corredor humano donde cada pantalla atraía más personas hacia el mismo destino.
La estrategia no fragmentó la multitud.
La hizo más grande.
No se dispersó la concentración; simplemente se extendió a lo largo del mismo corredor urbano.
Cuando miles de personas permanecen distribuidas sobre un mismo eje urbano, las rutas de evacuación se vuelven más complejas, los servicios de emergencia tardan más en llegar y cualquier movimiento inesperado puede generar cuellos de botella con consecuencias fatales.
La planeación de eventos masivos no consiste únicamente en instalar pantallas o convocar elementos de seguridad. Consiste en anticipar el comportamiento colectivo de las personas. La experiencia internacional demuestra que los puntos alternativos funcionan cuando realmente son alternativos: parques, plazas y espacios públicos suficientemente alejados entre sí, capaces de atraer públicos distintos y reducir la presión sobre un solo lugar.
Si todos los caminos llevan al mismo sitio, no existe una verdadera dispersión.
Más allá del número de policías desplegados o de ambulancias disponibles, la primera barrera de protección siempre debe ser una estrategia logística correctamente diseñada. Ningún operativo puede compensar una concentración humana que supera la capacidad del espacio.
Las autoridades también tendrán que responder si el estado de fuerza, los módulos médicos y los protocolos de protección civil fueron proporcionales a la magnitud de una celebración que, por experiencia, era previsible que convocara a cientos de miles de personas.
Criticar estas decisiones no significa descalificar el trabajo de quienes actuaron durante la emergencia. Significa reconocer que la prevención comienza mucho antes de que llegue la primera patrulla o la primera ambulancia.
Las tragedias no deben convertirse en un intercambio de justificaciones políticas. Deben convertirse en oportunidades para revisar decisiones, corregir errores y evitar que vuelvan a repetirse.
Y ahora que México volverá a disputar un partido de eliminación directa frente a Inglaterra, la verdadera prueba para el Gobierno de la Ciudad de México ya no estará en el marcador, sino en demostrar que fue capaz de aprender de esta dolorosa experiencia.
La pregunta es inevitable.
¿Volverá el Gobierno de Clara Brugada a convertir Paseo de la Reforma en un largo corredor de concentración humana colocando pantallas sobre el mismo camino que conduce al Ángel de la Independencia?
¿O reconocerá que una verdadera estrategia de dispersión implica crear centros de reunión independientes, alejados entre sí, con accesos, rutas de evacuación y servicios de emergencia propios?
Los gobiernos no se equivocan por tomar decisiones. Se equivocan cuando, después de una tragedia, insisten en repetirlas sin revisarlas.
Por eso la pregunta va dirigida directamente a la Jefa de Gobierno:
¿En el próximo partido veremos nuevamente una estrategia que concentre a cientos de miles de personas sobre el mismo corredor urbano o, esta vez, veremos una planeación distinta que privilegie la seguridad por encima de la improvisación?
Ojalá la respuesta no llegue después de otra tragedia.
Por Marco Marín

EXPERIENCIA GASTRONÓMICA