Hoy no es un día cualquiera en el calendario. Hoy, las calles de México se tiñen de una solemnidad que trasciende el protocolo oficial. Al conmemorar este 24 de febrero el Día de la Bandera, los mexicanos no solo miramos un trozo de tela custodiado por escoltas; miramos el espejo de nuestra propia resistencia. En un contexto donde la incertidumbre intenta dictar la agenda y grupos delictivos buscan, mediante actos de violencia, sembrar el miedo en el corazón de nuestras comunidades, la Bandera Nacional emerge no como un símbolo estático, sino como un escudo colectivo.
La historia nos ha enseñado que la idiosincrasia del mexicano brilla con más fuerza cuando la oscuridad aprieta. Mientras algunos intentan fragmentar el tejido social con el terror, la ciudadanía responde con una hegemonía moral que nace de la solidaridad.
Raíces de una Identidad: ¿De dónde nace esta fecha? Esta celebración, que hoy cumple 86 años de haber sido instaurada oficialmente, tiene un origen que mezcla la diplomacia histórica con el fervor popular: El antecedente: El diseño actual tiene sus raíces en el Plan de Iguala de 1821, cuando Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero unieron fuerzas para lograr la Independencia. En aquel entonces, la “Bandera de las Tres Garantías” ya portaba los colores que hoy nos dan identidad. La oficialización: Fue en 1934 cuando se aprobó la primera ley sobre los símbolos patrios, pero no fue sino hasta el 24 de febrero de 1940 que el presidente Lázaro Cárdenas decretó oficialmente esta fecha para honrar al lábaro patrio. El número de la celebración: Este 24 de febrero de 2026, México celebra la 86.ª edición oficial del Día de la Bandera, consolidándose como el símbolo más sagrado de unidad nacional.
“Nuestra bandera no es solo el recuerdo de dónde venimos, es la promesa de hacia dónde vamos a pesar de los obstáculos.”
Esta resiliencia no es casualidad. Es el resultado de una nación que sabe que, en los momentos más difíciles, la única salida es la mano extendida del vecino. El lábaro patrio hoy nos recuerda que somos más los que construimos que los que destruyen.
Más que un objeto de culto, la bandera se percibe hoy como un faro de transición. En medio de las turbulencias actuales, ver el águila devorando a la serpiente es un recordatorio visual de que el triunfo sobre la adversidad es parte de nuestro ADN como mexicanos.
El Verde: Representa la esperanza que no se doblega ante la amenaza.
El Blanco: La unidad y la paz que exigimos y por la que trabajamos cada día.
El Rojo: El coraje de un pueblo que no se rinde ante el miedo.
La hegemonía del espíritu En este aniversario, el mensaje es claro: la delincuencia podrá intentar robar la tranquilidad, pero nunca podrá secuestrar nuestra identidad. Nuestra hegemonía radica en la capacidad de permanecer de pie, unidos bajo los mismos colores, convencidos de que este momento de incertidumbre es solo el preludio de tiempos mejores. Hoy, al izar la bandera, no solo celebramos una insignia; celebramos que, frente a cualquier intento de terror, México siempre elige la esperanza.