Por Marco MARÍN López Lira
𝘌𝘭 𝘊𝘶𝘢𝘳𝘵𝘰 𝘐𝘯𝘧𝘰𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘎𝘰𝘣𝘪𝘦𝘳𝘯𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘦 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘳 𝘮á𝘴 𝘢𝘭𝘭á 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘪𝘧𝘳𝘢𝘴 𝘺 𝘱𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦𝘢𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘳𝘦𝘨𝘶𝘯𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘰: ¿𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦 𝘦𝘭 é𝘹𝘪𝘵𝘰 𝘵𝘶𝘳í𝘴𝘵𝘪𝘤𝘰 𝘥𝘦 𝘘𝘶𝘪𝘯𝘵𝘢𝘯𝘢 𝘙𝘰𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘳𝘵𝘪𝘳𝘴𝘦 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘰𝘵𝘰𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘘𝘶𝘪𝘯𝘵𝘢𝘯𝘢 𝘙𝘰𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘦?
“𝗣𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮”.
La expresión volvió a ocupar un lugar central este domingo durante el Cuarto Informe de Gobierno de Mara Lezama, presentado en Chetumal, con la presencia de la secretaria de Turismo de México, 𝗝𝗼𝘀𝗲𝗳𝗶𝗻𝗮 𝗥𝗼𝗱𝗿í𝗴𝘂𝗲𝘇 𝗭𝗮𝗺𝗼𝗿𝗮, representante personal de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La presencia de la titular de SECTUR resulta particularmente significativa en un estado donde buena parte de la conversación sobre desarrollo inevitablemente pasa por el turismo y donde esa visión tiene en 𝗕𝗲𝗿𝗻𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗖𝘂𝗲𝘁𝗼 𝗥𝗶𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮, secretario de Turismo de Quintana Roo, a uno de sus responsables de llevarla al terreno de la política turística.
Pero más allá del escenario político y del recuento de obras, inversiones y programas, el Informe permite detenerse en algo menos evidente: 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗼𝗹𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿𝘀𝗲 𝗱𝗲𝘁𝗿á𝘀 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗰𝗶𝗳𝗿𝗮𝘀.
“Prosperidad compartida” puede sonar, a primera vista, como una de tantas expresiones que produce la política.
En Quintana Roo, sin embargo, la frase adquiere otra dimensión cuando se coloca frente a la realidad de 𝗨𝗡𝗢 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗧𝗘𝗥𝗥𝗜𝗧𝗢𝗥𝗜𝗢𝗦 𝗧𝗨𝗥Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗢𝗦 𝗠Á𝗦 𝗜𝗠𝗣𝗢𝗥𝗧𝗔𝗡𝗧𝗘𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗠𝗨𝗡𝗗𝗢.
Porque entonces la pregunta deja de ser solamente política y comienza a ser económica, social y también estratégica:
𝗖¿ó𝗺𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 é𝘅𝗶𝘁𝗼 𝘁𝘂𝗿í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗤𝘂𝗶𝗻𝘁𝗮𝗻𝗮 𝗥𝗼𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝗺á𝘀 𝗽𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗲𝗻 𝗲𝗻 é𝗹 𝘆, 𝗮𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼, 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗰𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼?
Ahí comienza, para nosotros, la lectura más interesante del Cuarto Informe.
No solamente en lo que Quintana Roo ha hecho, sino en 𝗲𝗹 𝗤𝘂𝗶𝗻𝘁𝗮𝗻𝗮 𝗥𝗼𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗠𝗮𝗿𝗮 𝗟𝗲𝘇𝗮𝗺𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿.
𝗨𝗡𝗔 𝗩𝗜𝗦𝗜Ó𝗡 𝗗𝗘𝗧𝗥Á𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗖𝗜𝗙𝗥𝗔𝗦
Los informes de gobierno suelen mirar hacia atrás: cuántas obras se realizaron, cuánto se invirtió, cuántas personas fueron beneficiadas, cuánto creció una actividad.
Pero las cifras adquieren otra dimensión cuando permiten entender hacia dónde pretende dirigirse un gobierno.
En el caso de Quintana Roo puede observarse una secuencia:
𝗩𝗜𝗦𝗜Ó𝗡 → 𝗢𝗕𝗝𝗘𝗧𝗜𝗩𝗢𝗦 → 𝗔𝗖𝗖𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦 → 𝗥𝗘𝗦𝗨𝗟𝗧𝗔𝗗𝗢𝗦 → 𝗙𝗨𝗧𝗨𝗥𝗢
Y dentro de esa visión aparece constantemente una expresión que Mara Lezama ha convertido en uno de los ejes de su administración: 𝗽𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮.
El concepto pertenece claramente al lenguaje político de la llamada Cuarta Transformación. Pero reducirlo a una consigna sería perder la oportunidad de analizar lo que puede significar en un estado cuya economía, identidad internacional y desarrollo están profundamente vinculados al turismo.
Porque Quintana Roo no enfrenta solamente el desafío de seguir creciendo.
Enfrenta uno mucho más interesante: 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗵𝗼𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝘆𝗮 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗺𝗮ñ𝗮𝗻𝗮.
𝗖𝟮𝟴 𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗧𝗨𝗥𝗜𝗦𝗧𝗔𝗦. 𝟮𝟴 𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗗𝗘𝗖𝗜𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦.
Quintana Roo posee algo que pocos territorios mexicanos han conseguido construir: una marca turística reconocida prácticamente en todo el mundo.
Cancún, Riviera Maya, Tulum y el Caribe Mexicano forman parte de un ecosistema que durante décadas ha atraído viajeros, inversión y conectividad internacional.
De acuerdo con las cifras presentadas en el Cuarto Informe, durante 2025 Quintana Roo recibió 𝗺á𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟴 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝘀𝗶𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀, generó una derrama superior a 𝟭𝟴 𝗺𝗶𝗹 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗱ó𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀, registró más de 𝟯𝟭 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗼𝘃𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗮𝘀𝗮𝗷𝗲𝗿𝗼𝘀 y cuenta con más de 𝟭𝟰𝟬 𝗺𝗶𝗹 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗵𝗼𝘁𝗲𝗹𝗲𝗿𝗮𝘀.
Son cifras extraordinarias.
Pero desde una perspectiva mercadológica esos números pueden leerse de otra manera:
𝗖𝟮𝟴 𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗧𝗨𝗥𝗜𝗦𝗧𝗔𝗦. 𝟮𝟴 𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗗𝗘 𝗗𝗘𝗖𝗜𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦.
Personas que eligieron un destino frente a muchos otros.
Y detrás de cada decisión existe una cadena de valor formada por hoteles, aerolíneas, restaurantes, transportistas, agencias, operadores turísticos, trabajadores, productores, comerciantes, artesanos, emprendedores y comunidades.
Por eso quizá el siguiente gran objetivo de Quintana Roo no consista solamente en conseguir que lleguen más viajeros.
Consiste en 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝗺á𝘀 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗮𝗹𝗿𝗲𝗱𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗲 𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗲 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗰𝗮 𝗮𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗼 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼.
𝗖𝗨𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗟𝗔 𝗣𝗥𝗢𝗦𝗣𝗘𝗥𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗦𝗘 𝗖𝗢𝗡𝗩𝗜𝗘𝗥𝗧𝗘 𝗘𝗡 𝗜𝗡𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜Ó𝗡
Aquí comienza a adquirir otra dimensión la prosperidad compartida.
El turismo genera actividad económica. La actividad económica genera oportunidades. Las oportunidades pueden fortalecer personas, empresas, comunidades e infraestructura. Ese fortalecimiento mejora el destino. Un mejor destino aumenta su competitividad. Y una mayor competitividad puede atraer nueva inversión, nuevos viajeros y generar nueva prosperidad.
No estamos ante una línea.
𝗘𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘂𝗻 𝗰í𝗿𝗰𝘂𝗹𝗼.
𝗖𝗥𝗘𝗖𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢 𝗧𝗨𝗥Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗢 → 𝗢𝗣𝗢𝗥𝗧𝗨𝗡𝗜𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦 → 𝗥𝗘𝗜𝗡𝗩𝗘𝗥𝗦𝗜Ó𝗡 → 𝗙𝗢𝗥𝗧𝗔𝗟𝗘𝗖𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢 𝗗𝗘𝗟 𝗗𝗘𝗦𝗧𝗜𝗡𝗢 → 𝗖𝗢𝗠𝗣𝗘𝗧𝗜𝗧𝗜𝗩𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗧𝗨𝗥Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗔 → 𝗡𝗨𝗘𝗩𝗔 𝗣𝗥𝗢𝗦𝗣𝗘𝗥𝗜𝗗𝗔𝗗 ↻
Esta lógica no es nueva. Es uno de los principios más elementales del desarrollo económico y empresarial: 𝗨𝗡𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗘 𝗗𝗘𝗟 𝗩𝗔𝗟𝗢𝗥 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗗𝗢 𝗛𝗢𝗬 𝗣𝗨𝗘𝗗𝗘 𝗖𝗢𝗡𝗩𝗘𝗥𝗧𝗜𝗥𝗦𝗘 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗖𝗔𝗣𝗔𝗖𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗤𝗨𝗘 𝗣𝗘𝗥𝗠𝗜𝗧𝗜𝗥Á 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗥 𝗠Á𝗦 𝗩𝗔𝗟𝗢𝗥 𝗠𝗔Ñ𝗔𝗡𝗔.
Lo interesante es observarla dentro del concepto de prosperidad compartida aplicado a un destino turístico.
Porque compartir prosperidad no tendría que significar únicamente distribuir los beneficios que ya se produjeron.
Puede significar también 𝗿𝗲𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗿 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀, 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀, 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗿𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗿á𝗻 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘁𝗮𝗽𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼.
Y entonces ocurre algo importante:
𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗿𝘀𝗲 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗲𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲𝗴𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗶𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘁𝘂𝗿í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮.
𝗜𝗡𝗙𝗥𝗔𝗘𝗦𝗧𝗥𝗨𝗖𝗧𝗨𝗥𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗘𝗟 𝗦𝗜𝗚𝗨𝗜𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗖𝗥𝗘𝗖𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢
La infraestructura ocupa precisamente un lugar central en la visión presentada por Mara Lezama.
El Puente Vehicular Nichupté, el Aeropuerto Internacional de Tulum, el Tren Maya y los nuevos proyectos de conectividad y movilidad forman parte de una transformación que pretende modificar no solamente la manera de desplazarse por Quintana Roo, sino su capacidad económica y turística.
El Gobierno estatal habla de 𝗺á𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟬 𝗺𝗶𝗹 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗼𝗯𝗿𝗮𝘀 𝘆 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 relacionadas con infraestructura, vivienda, salud, educación, movilidad, seguridad, turismo, energía y desarrollo urbano.
La precisión es importante: 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗿𝘀𝗼𝘀 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝗲𝗾𝘂𝗶𝘃𝗮𝗹𝗲𝗻 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘀𝘂𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮𝘁𝗮𝗹 𝗲𝗷𝗲𝗿𝗰𝗶𝗱𝗼.
Pero la magnitud de las intervenciones permite observar la dirección.
Una carretera no genera prosperidad solamente porque exista. Tampoco un aeropuerto o un puente.
Su verdadero valor económico aparece cuando 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗲𝗻 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼𝘀, 𝗰𝗼𝗻𝗲𝗰𝘁𝗮𝗻 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼𝘀, 𝗳𝗮𝗰𝗶𝗹𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀, 𝗮𝘁𝗿𝗮𝗲𝗻 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶ó𝗻 𝘆 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗻 𝗺á𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗶𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗮𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼.
Entonces la infraestructura deja de ser únicamente obra pública.
𝗦𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝗰𝗼𝗻ó𝗺𝗶𝗰𝗮.
𝗣𝗥𝗢𝗧𝗘𝗚𝗘𝗥 𝗘𝗟 𝗗𝗘𝗦𝗧𝗜𝗡𝗢 𝗘𝗦 𝗣𝗥𝗢𝗧𝗘𝗚𝗘𝗥 𝗦𝗨 𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔
El mismo razonamiento puede aplicarse a uno de los mayores desafíos ambientales del Caribe Mexicano: el sargazo.
Es, naturalmente, un problema ambiental.
Pero para un territorio cuya imagen internacional está profundamente vinculada con el mar y sus playas, existe también otra dimensión:
𝗣𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗲𝗰𝗼𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗺𝗮 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲𝗿 𝘂𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮 𝗖𝗮𝗿𝗶𝗯𝗲 𝗠𝗲𝘅𝗶𝗰𝗮𝗻𝗼.
Frente al fenómeno, el Gobierno estatal reporta una inversión global gestionada con el Gobierno de México de 𝟮 𝗺𝗶𝗹 𝟲𝟬𝟬 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝘀𝗼𝘀, además de más de 𝟳𝟲𝟱 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗤𝘂𝗶𝗻𝘁𝗮𝗻𝗮 𝗥𝗼𝗼, junto con un sistema de monitoreo que utiliza imágenes de diez satélites y vigila más de 140 playas.
Aquí sostenibilidad y mercadotecnia territorial dejan de caminar por separado.
La conservación del activo natural también protege la experiencia del visitante, la reputación internacional y la competitividad futura del destino.
𝗗𝗘𝗦𝗣𝗨É𝗦 𝗗𝗘𝗟 𝗧𝗨𝗥𝗜𝗦𝗠𝗢… 𝗠Á𝗦 𝗘𝗖𝗢𝗡𝗢𝗠Í𝗔
Otro de los elementos relevantes del Informe es el intento de diversificar una economía históricamente vinculada al turismo.
El Distrito Financiero y Tecnológico de Cancún, el Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar de Chetumal y el Polo de Desarrollo de Economía Circular de Puerto Morelos apuntan hacia la atracción de nuevas industrias, tecnología, conocimiento y capital.
El Distrito Financiero y Tecnológico contempla captar hasta 𝟭,𝟯𝟬𝟬 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗱ó𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀, con una proyección oficial de alrededor de 𝟭𝟭 𝗺𝗶𝗹 𝗲𝗺𝗽𝗹𝗲𝗼𝘀 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗺á𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟮 𝗺𝗶𝗹 𝗶𝗻𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼𝘀.
Diversificar no significa abandonar aquello que convirtió a Quintana Roo en una potencia económica.
Puede significar exactamente lo contrario: 𝘂𝘁𝘪𝘭𝘪𝘻𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘭𝘪𝘥𝘦𝘳𝘢𝘻𝘨𝘰 𝘵𝘶𝘳í𝘴𝘵𝘪𝘤𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘳𝘶𝘪𝘥𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘥é𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘢𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘢𝘳𝘳𝘰𝘭𝘭𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘤𝘰𝘯𝘰𝘮í𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰.
Durante décadas, Quintana Roo construyó destinos.
𝗘𝗹 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗮𝘀𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗺á𝘀 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗮𝗹𝗿𝗲𝗱𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼.
𝗟𝗔 𝗣𝗔𝗟𝗔𝗕𝗥𝗔 𝗠Á𝗦 𝗜𝗠𝗣𝗢𝗥𝗧𝗔𝗡𝗧𝗘 𝗘𝗦 “𝗖𝗢𝗠𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗔”
Prosperidad significa crecimiento: turismo, inversión, infraestructura, empresas, conectividad y competitividad.
Pero la segunda palabra obliga a ampliar la mirada.
Para que esa prosperidad sea 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮, una parte creciente del valor generado debe traducirse también en oportunidades, mejores empleos, proveedores locales, emprendimiento, desarrollo comunitario, educación, salud y bienestar.
El Gobierno de Quintana Roo sostiene que 𝗺á𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟬 𝗺𝗶𝗹 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝘀𝗮𝗹𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗯𝗿𝗲𝘇𝗮 y coloca ese resultado entre los principales indicadores de la administración de Mara Lezama.
La cifra debe leerse, como cualquier indicador público de esta magnitud, conforme a las fuentes estadísticas, metodología y periodos de comparación correspondientes.
Pero detrás de ella existe una idea que merece atención:
𝗤𝘂𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗲𝗰𝗼𝗻ó𝗺𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗯𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗷𝗲𝗻 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗿 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗽𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀.
Ahí se encuentra uno de los puntos de contacto más interesantes entre la filosofía económica y social de la Cuarta Transformación y los desafíos de una potencia turística como Quintana Roo.
No se trata únicamente de crecer para después repartir.
La oportunidad es más ambiciosa:
𝗖𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿, 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀, 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝗲 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗼𝗱𝘂𝘇𝗰𝗮 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗰𝗿𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼.
𝗣𝗥𝗢𝗦𝗣𝗘𝗥𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗖𝗢𝗠𝗣𝗔𝗥𝗧𝗜𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗠𝗢 𝗖𝗢𝗠𝗣𝗘𝗧𝗜𝗧𝗜𝗩𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗧𝗨𝗥Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗔
Quizá ésta sea la interpretación más interesante que deja el Cuarto Informe.
Un destino no está formado únicamente por hoteles, playas, aeropuertos y campañas publicitarias. 𝗘𝘀𝘁á 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀: trabajadores capacitados, emprendedores, restauranteros, transportistas, productores, artesanos, profesionales y comunidades que, en conjunto, hacen posible la experiencia turística.
Cuando esas personas encuentran mayores oportunidades dentro de la economía turística pueden surgir mejores servicios, más talento, nuevas empresas, mayor profesionalización, mejor gastronomía, nuevas experiencias y una identidad más fuerte.
Todo ello termina formando parte del producto turístico.
Por eso 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗿 𝗽𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼; 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼.
Y cuando mejora el destino, aumenta su capacidad de competir.
La relación vuelve entonces al punto de partida:
𝗣𝗥𝗢𝗦𝗣𝗘𝗥𝗜𝗗𝗔𝗗 → 𝗢𝗣𝗢𝗥𝗧𝗨𝗡𝗜𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦 → 𝗙𝗢𝗥𝗧𝗔𝗟𝗘𝗖𝗜𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢 → 𝗖𝗢𝗠𝗣𝗘𝗧𝗜𝗧𝗜𝗩𝗜𝗗𝗔𝗗 → 𝗡𝗨𝗘𝗩𝗔 𝗣𝗥𝗢𝗦𝗣𝗘𝗥𝗜𝗗𝗔𝗗 ↻
El círculo vuelve a comenzar.
𝗟𝗔 𝗩𝗜𝗦𝗜Ó𝗡 𝗘𝗦𝗧Á 𝗣𝗟𝗔𝗡𝗧𝗘𝗔𝗗𝗔; 𝗟𝗢𝗦 𝗥𝗘𝗦𝗨𝗟𝗧𝗔𝗗𝗢𝗦 𝗦𝗘𝗥Á𝗡 𝗘𝗟 𝗘𝗫𝗔𝗠𝗘𝗡
Quizá uno de los méritos conceptuales de la administración de Mara Lezama sea haber colocado la expresión 𝗽𝗿𝗼𝘀𝗽𝗲𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮 en el centro de la conversación sobre el desarrollo de Quintana Roo.
Pero ningún concepto político adquiere valor únicamente porque se repita.
Su verdadero valor aparece cuando puede convertirse en resultados.
La visión está planteada. Las inversiones están en marcha. La infraestructura comienza a modificar el territorio.
Algunos indicadores muestran avances y otros necesitarán tiempo para demostrar si las decisiones tomadas hoy producen los resultados esperados mañana.
Ese será el verdadero examen.
Quintana Roo ya demostró durante décadas que sabe atraer millones de viajeros.
Ahora enfrenta un desafío más complejo y posiblemente más importante:
𝗖𝗼𝗻𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 é𝘅𝗶𝘁𝗼 𝘁𝘂𝗿í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗲 𝗺á𝘀 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗲 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗰𝗮 𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗻 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗱í𝗮𝘀.
Si eso ocurre, la prosperidad compartida habrá dejado de ser solamente una expresión política.
Se habrá convertido en 𝗨𝗡𝗔 𝗘𝗦𝗧𝗥𝗔𝗧𝗘𝗚𝗜𝗔 𝗗𝗘 𝗗𝗘𝗦𝗔𝗥𝗥𝗢𝗟𝗟𝗢 𝗬 𝗖𝗢𝗠𝗣𝗘𝗧𝗜𝗧𝗜𝗩𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗧𝗨𝗥Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗔.
Porque cuando la prosperidad se comparte y se reinvierte, no solamente se distribuyen los beneficios del crecimiento:
𝗦𝗲 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿 𝗮 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀.
Y quizá ahí exista también una enseñanza para la manera de comunicar una visión de gobierno.
Informar cifras consigue atención.
Explicar hacia dónde conducen genera comprensión.
Conseguir que ciudadanos, empresas e inversionistas encuentren dentro de esa visión una oportunidad para participar produce algo todavía más importante:
𝗧𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗹𝗮 𝗮𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗻 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶ó𝗻.
Y cuando la intención encuentra una dirección clara,
𝗣𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘁𝗶𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼𝘀.
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